Si al igual que sostengo que el rojo no es sangre, el amor no es dolor, que existe amor sin dolor, el dolor es el abono que mantiene y hace crecer el amor. Cristo abonó el amor de la tierra con su muerte dolorosa.

No quiere decir esto que para amar haya que sentir dolor, pero sí que cada vez que se siente dolor por la persona amada se está manifestando lo más puro del amor.

El dolor no es unidad, pero el dolor sí une a las personas que se quieren.

El dolor une en la guerra a las personas que lo sufren. El dolor une en la paz a las personas que se aman.

La entrega a la persona amada es dolor, ya que, si no existe en el momento el dolor físico, sí existe el deseo y miedo al sufrimiento de la persona amada.

El amor verdadero se basa en el dolor mutuo; por eso el dolor puede llegar a ser maravilloso, dentro del sufrimiento que conlleva. Por ende no hay que temer al dolor por la persona amada, sino que ese dolor debe ser una ofrenda en aras del amor.

 Jorge Rando, Málaga, marzo 2008