Anonimato y protagonismo Volver a Pensamientos y Reflexiones

El anonimato y el protagonismo en la obra de arte lo debe tener muy claro el artista, si quiere que el resultado que salga de sus manos sea lo más puro dentro de las limitaciones de cada uno. ¿Por qué utilizo las palabras anonimato y protagonismo?… Porque estoy convencido de que el artista, cuando olvida que es él quien le está dando la vida al lienzo, trabaja sólo pensando en el resultado de lo que está haciendo, despojándose de todo protagonismo; es, cuando lo que tiene concebido en su mente, cobrará vida en el cuadro. El protagonismo del artista quita la libertad a la obra de arte, que debe nacer pura y por sí misma; y sólo cuando el artista asuma su papel secundario, su papel de instrumento en la consecución de la Obra de Arte…, es cuando ésta nacerá con libertad.

Cuando se inaugura una exposición o se muestra en los museos un período de creación en la vida de un artista, muchas veces se suele caer en el error de desvirtuar, aunque sea inconscientemente, lo que se está mostrando, debido a las respuestas y explicaciones que da el autor… Porque, ¿cómo se puede sintetizar en unas palabras el contenido de una exposición?, ¿cómo se pueden comentar cuarenta cuadros como si fuera un revuelto de espárragos?, ¿cómo se puede contestar “sobre la marcha” a las preguntas (a veces estúpidas) de comentaristas y preguntones?... Pues sí, se contesta… y eso es lo malo, que se habla y se habla y se habla hasta de lo que no se sabe, porque surgió; y se dicen muchas estupideces… y se quiere explicar, a veces, lo inexplicable… ¿Y qué debemos hacer los artistas?, ¿no contestar? Mi respuesta sería rotunda; efectivamente, no contestar directamente a la pregunta, sino invitar al entrevistador a dialogar con el autor y la obra.

Dialogar sobre la obra, sí. Contestar preguntas, no… Sí, al anonimato; no al  protagonismo.

Que se mantenga la libertad del artista en el momento de ejecutar la obra de arte y también en el momento de dialogar sobre ella, e invitar a los que se interesan por la misma al diálogo. ¡Dejad hablar a la obra!

Jorge Rando, Londres, mayo 2008