Me pareció muy acertada por parte del Santo Padre el encuentro que tuvo con los artistas, yo diría más bien por la necesidad de “restablecer la amistad entre la iglesia y los artistas”. Yo presiento que la amistad entre ambos nunca se ha roto del todo, ya que el artista cristiano siempre apoyará a su Iglesia porque Dios está por encima del arte; pero sí pienso que se ha vivido y se sigue viviendo cierto distanciamiento, creo que más que, por problemas económicos (no olvidemos que la Iglesia en la antigüedad, y no sólo en el Renacimiento, era el principal cliente de los artistas y también el mayor y mejor mecenas)  porque la Iglesia sobre todo desde sus jerarquías superiores ha dejado de lado el arte, y, sobre todo, ha olvidado que el arte en todas sus facetas es el alma de las civilizaciones, es la contrapartida a lo material, y que la Iglesia tiene el deber de encauzar ese don que es el arte y el instrumento que es el artista para la mayor alabanza del Supremo Creador. Ya lo decía el Santo Padre Juan Pablo II en su carta a los artistas católicos del 4 de abril de 1999, en la que en su primer punto hablaba del artista como imagen de Dios Creador y apelaba al fecundo diálogo de la Iglesia con el artista… También decía Juan Pablo II que la sociedad tiene necesidad de artistas.

Iglesia y arte es un binomio que nunca debe dejar de existir.

Para mí como artista la forma más directa de encontrarme con Dios es el proceso de la creación, en la que te entregas a Él totalmente como instrumento y como única forma de conseguir una obra que se pueda llamar obra de arte maestra.

Para un mirador de una obra de arte el encuentro con Dios está en el momento en que observe la belleza como una obra más de la creación del único Creador que es Dios.

Jorge Rando, Málaga, septiembre 2009