Estoy sentado en la terraza de la suite 610 navegando por el Golfo de Vizcaya. Escucho el concierto de las olas que se forman al violar el océano la proa del barco. De nuevo me viene a la mente la pregunta que ya me he hecho otras muchas veces: ¿se puede pintar el ruido de las olas? ¿ se puede pintar esa música? Estoy observando el mar, el realismo de su belleza y su fuerza está al alcance de mis ojos y también de mi mente… pero, ¿puedo captar su sonido e interiorizarlo, para poderlo sacar posteriormente y reproducirlo en un lienzo?... ¿Existe esa posibilidad?

Y una vez más aparecen los demonios de la realidad y la abstracción. Para un pintor el camino para llegar a la esencia de lo real no es la palabra. El pintor tiene que expresarse no con carteles que expliquen la obra que realiza, sino dejar que sea la pintura la que hable. Yo no titulo ninguna de mis obras.

Miro hacia dentro de la cabina y veo a mi esposa descansando y veo el amor. Por eso no hay nada imposible para mí.

Jorge Rando, navegando, junio 2010