Cuando por las mañanas entro en mi estudio para preparar “mi día laboral”, siempre se repite el “casi” mismo ritual, que comienza con el olfato. Los sentidos son como la sombra, que siempre te acompaña. Si te detienes a pensar en el proceso de la creación, te das cuenta de la importancia que tienen todos los sentidos que nos han sido concedidos por el Supremo Creador.

No voy a analizar en este escrito la importancia de cada uno de ellos, pero sí voy a hacer hoy mención a la vista.

La mirada explora y abre camino al proceso de la creación artística, en la que tomarán parte y protagonismo los demás sentidos para hacer completa la obra del artista. Al escribir estos pensamientos lo que deseo es que el espectador de una obra de arte, para comunicarse con ella, sea consciente de que el artista ha puesto realmente sus “cinco sentidos”, para hacer posible la producción de la misma.

Saber utilizar todos estos dones que se les concede a los artistas para la consecución de sus obras depende sólo y exclusivamente de ellos, cada uno dentro de sus posibilidades y preparación.

Si observamos las obras de los diferentes artistas nos daremos perfecta cuenta de la base en que están construidas. Todas las bases son válidas siempre que sepas mantener la estructura del trabajo bien realizado. No voy a terminar estas letras sin hablar de la pintura en concreto. El acto de pintar no se acaba en preparar un lienzo y plasmar “algo”. Eso puede ser el principio del camino; llegar al final es ese “algo” convertido en una síntesis que, habiendo llegado del exterior, pase a ser parte intrínseca del pintor, para que lo pueda plasmar en el lienzo con todos sus sentidos y componentes de que sea capaz a fin de conseguir esa obra realizada con entera libertad y sin ninguna servidumbre.

Jorge Rando, Málaga, junio 2010