Conforme van pasando los años y voy madurando en mi pintura, cada vez estoy más convencido de que lo único importante para el pintor debe ser pintar, dando siempre prioridad al fondo y , quizás, olvidarse un poco, incluso, de las formas. La inspiración en el pintor no es sino un estado de ánimo, que, como humano, está influenciado por todo lo que le rodea y de todo de lo que él se rodea, ya sea material o espiritual. Todo influye en la obra del artista, el placer o el dolor, la belleza o la fealdad… aunque llega un momento en que la fealdad se convierte en belleza y el dolor en amor.

Plasmar todo eso en el lienzo es lo que el pintor hace desde su interior sin ser dueño del resultado, y la obra, una vez ejecutada, deja de ser suya y pasa a tener alma y vida propia para de esa forma poder comunicarse con todos los que deseen iniciar un diálogo con ella. La obra de arte no es ningún producto de moda “que se lleva”… “la línea actual”… el arte es algo más, es otra cosa; y, por eso, yo como pintor, siempre me he negado, y si en algún momento una entidad, museo, galería, etc. no conocía mi obra y deseaba verla, me he negado, insisto, a mandar fotografías de mis pinturas, ya que entonces tendrían en su poder el estuche pero no el alma que sólo habita en el cuadro. La obra de arte hay que contemplarla en toda su realidad y no en su envoltura y, si no hay tiempo de verla porque existan otras prioridades, que lo deje para mejor momento… o para la eternidad.

Jorge Rando, Málaga, octubre 2002