En una entrevista realizada por Antonio Moreno para la revista Vida Nueva, al final me hacía la pregunta, refiriéndose a los tonos de mis últimos cuadros que él consideraba “más apagados”, si se ha acabado la esperanza, yo le contestaba que el uso de los colores fuertes pretendía ser un grito contra la injusticia. Mi respuesta que, quizás, pretendería llamar la atención sobre un drama que no hemos sabido parar y que continúa. Pero la esperanza no la he perdido, el día que perdiera la esperanza estaría muerto, añadí.

La entrevista acababa ahí, pero para mí comenzaba la meditación sobre esa pregunta, el porqué de los colores “más apagados” y el “quizás” que no supe responder. Pero he llegado a la conclusión de que los colores fuertes e, incluso, a veces estridentes de mi época anterior eran un grito de desafío a las injusticias del mundo, mientras que los utilizados en la actualidad han dejado de ser un grito para convertirse en oración. Eso no es un grito, eso es una oración... y sigo pintando… y gritando… y callando… y meditando… y orando.

Jorge Rando, Málaga, mayo 2005