A veces he participado (casi siempre de oyente) en conversaciones entre artistas y críticos de arte sobre el tema de “los pintores que viven” de la pintura, y siempre ganaba la tesis, para mí errónea, de que la finalidad y a la vez consagración del artista es vivir de su arte, cuestión que yo respeto, aunque estoy totalmente en desacuerdo de que llegar a vivir del arte sea llegar a ser un Artista “con mayúsculas”.

El artista pintor debe de vivir “para” la pintura; y si, además, vive de ella, pues mucho mejor. Y si alguien se pregunta el porqué de estas letras sobre este asunto, ya lo decía al principio de estas líneas; porque he leído muchas veces en entrevistas con pintores, que lo repiten con orgullo, que a partir de... viven de la pintura con entera dedicación a ella. Y yo me pregunto que donde está la libertad de no tener que depender de ese vivir de ella.

¿Por qué un artista no puede trabajar (como de hecho hay muchos que lo hacen), ganar su sustento y el de su familia y, encima, pintar? ¿Que no hay tiempo? Tiempo hay para todo; y sobra. ¿Que dedicándose totalmente al arte se crea mejor? ¡Falso!, crea sólo el que es BUENO, trabaje o no; y el que es malo o mediocre, aunque se levante y se acueste exclusivamente con el quehacer del arte, seguirá siendo malo o mediocre.

    Así que yo saco la conclusión de que igual, que el hábito no hace al monje, la sola dedicación al Arte no hace al artista.

El artista, como ya he dicho en otras ocasiones, nace; después tiene que descubrir que es artista y, a continuación, aprender a desarrollar ese don que le viene dado, sin olvidar que es una dádiva y no un premio.

Jorge Rando, Málaga, Navidad 2005